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Siempre practicamos técnica, y por lo general lo hacemos a modo de “hacer dedos”, precalentamiento, warm up. Y tenemos ciertos y específicos ejercicios: ejercicios técnicos. De esos cromáticos, patterns, combinaciones matemáticas de dedos, etc. La mayoría -sino todos- carecen de musicalidad, y hasta pueden tornarse demasiado mecánicos y aburridos.

Pero también podemos practicar técnica (a modo de precalentamiento) de una manera más musical y más rica en muchos y variados aspectos.
Practicar técnica e improvisar música al mismo tiempo. Desde ya, esto promete ser más entretenido.

La idea es tratar de armar una rutina poniendo en práctica (en juego) aquellos elementos que estemos estudiando. Escalas, modos, arpegios, giros melódicos, acciones rítmicas, voicings de acordes, etc.
Para que esta musicalidad funcione, podés proponerte un marco armónico sobre el cual tocar. P.ej. un turnaround clásico:

||: Dm7 |G7 |Cmaj7 |A7 :||

Y “mover los dedos” aplicando todos aquellos elementos que te interese desarrollar, pero supeditado a esa armonía dada.

Las ventajas entre esto y la fría y no musical rutina cromática son varias:

1 – El resultado es música.

2 – Los dedos se mueven de manera más “real” y acorde a lo que luego toquemos fuera de la ejercitación. Esto es: No ocurre -en la música real- esa cosa de estar moviéndose constantemente de manera cromática.

3 – La práctica del silencio. Esto es importantísimo, el silencio es parte fundamental en la música, y cuando hacemos sólo técnica no lo ejercitamos. Básicamente no paramos nunca. Al practicar de esta manera más musical usaremos inexorablemente silencios. Los estaremos ejercitando.

4 – Podemos grabarnos, registrar la rutina para luego evaluar cómo estamos sonando, que es, siempre, lo más importante de todo: cómo sonamos. En contraposición: nadie graba ni registra esos patterns cromáticos. No tendría sentido, pues carecen -de nuevo- de sentido musical.

Y por último, recordá que aquel músico que posée buena técnica no es aquel que toca más rápido o más complejo, es aquel que suena clarofluido, blando, relajado y convincente. (Volvemos a la idea de sonar bien.)

En este ejemplo de audio (7´ de precalentamiento) vas a escuchar un poco toda esta idea. Vas a escuchar pasajes casi repetidos, recurrentes, y es normal ya que tiene que ver con focalizar sobre algunos elementos puntuales que estaba -en mi caso- estudiando en esos momentos. Y además, cuando es guitarra sola, a capella, el rubato juega a nuestro favor.

(La guitarra en este caso es una Cort Yorktown)

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